La capacidad para anticipar ciertos riesgos y peligros suele servirnos de protección  y nos permite prepararnos de forma adecuada para afrontarlos, activándonos para responder ante todo aquello que compromete nuestra seguridad. Sucede diferente cuando las desgracias que anticipa la mente, además de infundadas, son exageradas o ilógicas y nos paralizan, nos limitan y nos impiden disfrutar mínimamente de las oportunidades que nos ofrece la vida.

La anticipación negativa es un tipo de pensamiento que lleva a anticipar que las cosas van a andar mal, así como la certeza de que los sucesos ocurrirán del modo que la persona lo presiente; es decir que se interpreta una posibilidad como si fuera una realidad segura y además negativa y se actúa en consecuencia. Las personas que presentan este comportamiento, por  lo general sacan conclusiones sin tener en cuenta datos de la realidad que pueden ser contrarios o no confirmados por evidencias existentes. Esto hace posible que se incremente la probabilidad de que ocurra lo que se anticipó negativamente, por lo que termina convirtiéndose en una especie de profecía autocumplida. Las consecuencias de esta tendencia sobrepasan lo meramente cognitivo, pues este tipo de conducta incrementa la producción y las acciones combinadas de la hormona cortisol y las catecolaminas, activando el sistema nervioso autónomo y facilitando que se generen consecuencias poco deseables, tales como el miedo, la ansiedad y las angustias.

Lo interesante de resaltar es que este comportamiento suele ser frecuente en las personas que sufren de depresión y que se presenta en forma poco evidente, disfrazado por conductas o actuaciones  que en muchos casos ocultan o disimulan una depresión de fondo. Este tipo de personas aceptan sus pensamientos de forma categórica y tienen la convicción de que el bienestar o el placer no tienen nada en común con su realidad -y que por el contrario- el sufrimiento y los resultados negativos están siempre presentes en sus vidas. Estas suposiciones pasan a tener  valor de “verdades incuestionables”.  Cuando se puede lograr que la persona acepte que los resultados pueden ser opuestos o mejores de lo previsto, se obtiene un logro importante. Sin embargo, la vivencia de fondo suele mantenerse sólida y reiterativa, pues los argumentos bien intencionados de los allegados resultan insuficientes, poco convincentes y algunas veces molestos o inoportunos.

Detectar si detrás de este tipo de comportamientos se oculta una depresión, es de suma importancia, por lo que se debe recurrir a una ayuda profesional para trabajar de manera sistemática en los contrastes que deben hacerse entre las convicciones que tiene la persona y los resultados que le muestra la realidad.

 

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