Las personas mayores suelen tener comportamientos que con frecuencia molestan a sus familiares, no sólo porque son repetitivos y de  poca importancia, sino también, porque se convierten en parte de sus ocupaciones cotidianas. Es importante entender que muchos ancianos que acusan recibo de la disminución de su capacidad para percibir ciertos estímulos, o sienten temor frente a sus frecuentes olvidos,  manifiestan conductas que a veces son difíciles de comprender y tolerar. A lo largo de la educación que recibimos dentro del medio familiar, escolar o social, desarrollamos ciertos hábitos y rutinas para hacer de lo cotidiano algo más sencillo, más expedito o menos inquietante. Es en este punto que conviene tener claras las diferencias entre hábitos, rutinas y “manías” u obsesiones, para poder calificar más acertadamente, algunos comportamientos que pueden ser claramente diferenciados.

El hábito es una  conducta aprendida, que se hace mecanizada tras un proceso de aprendizaje sistemático y cotidiano, por lo que constituye un factor decisivo en la construcción de la personalidad. La rutina es una costumbre personal establecida por conveniencia y por decisión propia y generalmente no es flexible; pero puede abandonarse en un momento determinado, también por conveniencia o por simple necesidad.

Cuando se trata de adultos mayores, es frecuente hablar de “manías” u obsesiones que curiosamente -y valga destacarlo- no son atribuibles a la vejez, pues las obsesiones se encuentran en adolescente y en niños y padecerlas en algún momento de la vida es bastante frecuente. Las obsesiones se presentan en forma de pensamientos, impulsos o imágenes persistentes que no tienen relación con las características individuales de las personas que las padecen (egodistónicos) y tampoco se  presentan  a voluntad, sino que invaden la conciencia espontáneamente y cuando son llevados a acciones, éstas son vividas como extrañas, sin sentido; pero incontrolables. Entre muchas otras posibilidades, estas acciones pueden estar relacionadas con el aseo personal, con el temor a “contaminarse”, con la sexualidad, o con ideas religiosas. Así pues, hablar de “manías” u obsesiones  en los mayores, es enfocar el tema con cierta ligereza. Los mayores necesitan establecer ciertas rutinas que le permitan de algún modo, controlar las cosas que ya no puede pensar, decidir o hacer como antes. Reprocharles o quejarse de estas acciones (“manías”), es no comprender el proceso interno que experimentan,  a medida que  van identificando el deterioro que se produce en su capacidad cognitiva, psicomotora, emocional y social.

 

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