¡Qué cabeza la mía!


Que cabeza la mía! Esta expresión resulta cada vez más frecuente a medida que los años van pasando y la persona comienza a darse cuenta que tiene dificultades para recordar, en el momento preciso, algún dato del que necesita hacer uso. Quizá ese sea el síntoma que más preocupa, como señal de que algo está comenzando a “fallar” en el normal comportamiento de la mente.

Si bien es cierto que los cambios en el funcionamiento cognitivo de las personas mayores tienen su expresión más evidente en una paulatina pérdida de memoria, es importante precisar que esta función está íntimamente relacionada con otras funciones neuropsicológicas tales como la atención y la percepción, cuyos trastornos derivan en un deterioro de la memoria. La actividad psicológica reviste una gran complejidad y es imprescindible, a la hora de realizar actividades de estimulación cognitiva, tomar en consideración la interdependencia de las funciones que la componen.

La atención y la percepción, cumplen la función de “activar” otros procesos mentales complejos como la memoria y el lenguaje. Cuando se presta atención, y se es capaz de mantenerse atento, se pueden seleccionar e integrar los estímulos y realizar un adecuado tratamiento de la información recibida. Esto es así independientemente de la edad, aunque está comprobado que en las personas mayores, la atención, sobre todo la atención sostenida voluntariamente, disminuye. En este sentido hay que considerar que en ausencia de deterioro cognitivo, es decir, en un adulto mayor sano, existen factores que determinan en gran medida un déficit de atención y de percepción, y en consecuencia, de la memoria:

  1. Los déficits sensoriales que perjudican o alteran la percepción, principalmente de tipo auditivo, visual, táctil… que deben ser resueltos con el uso de dispositivos o
  2. implementos adecuados (audífonos, lentes intraoculares, anteojos, etc.).
  1. Condiciones ambientales desfavorables que producen distracción e interferencias.

  2. El consumo de los psicofármacos, especialmente de benzodiazepinas.
  3. Falta de motivación por la actividad que se está desarrollando.
  4. Depresión, lo cual produce desinterés y apatía generalizadas.

Una exploración y valoración correcta es importante para determinar si las alteraciones están vinculadas a un deterioro cognitivo, en cuyo caso se debería comenzar lo más pronto posible con un tratamiento de rehabilitación. De no ser así, la ejercitación de la atención y la estimulación perceptiva, tendrían un propósito preventivo, que deberá realizarse de manera sistemática. En este sentido, es importante tener en cuenta la singularidad de cada persona. No es suficiente disponer de un programa de estimulación de las psicofunciones y aplicarlo de manera indiscriminada. La persona debe sentir motivación por las actividades que realiza, para lo cual es imprescindible tener un conocimiento previo de sus gustos y preferencias para orientar las acciones en esa dirección. El propósito fundamental es mantener la actividad intelectual y ayudarle a sentir que es posible mejorar sus capacidades mentales, con una ejercitación adecuada.

Proponer actividades que estimulen el pensamiento a través del recuerdo y el relato de experiencias vividas, la lectura y/o la escucha de textos que conciten su atención y le produzcan placer, escuchar música que permita la evocación de situaciones significativas, promueven un dinamismo intelectual que redunda en el fortalecimiento de su salud y su estado funcional global.

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