Envejecimiento activo


El crecimiento de la población de adultos mayores en España y en Europa, en general, es cada vez más acusado, lo que está generando un paulatino cambio en la sensibilidad con relación al concepto de envejecimiento, percibiéndolo como un período de oportunidades para seguir viviendo de la manera más saludable posible, sin perjuicio de seguir desarrollando actividades reconfortantes y placenteras que permitan asumir este período de tiempo como un período más dentro del ciclo vital de los seres humanos. Así es como los términos “calidad de vida”,” envejecimiento activo”, autonomía, etc., forman parte ya del lenguaje cotidiano, y desde los ámbitos institucionales y privados existe una preocupación por dar asistencia de calidad y protección a este colectivo con criterios renovados.

Aunque frecuentemente el concepto de “envejecimiento activo” se relaciona con la práctica de una actividad física, es importante resaltar que para conseguir un bienestar y una buena calidad de vida, se tienen que conjugar tres pilares indisociables: lo físico, lo psíquico y lo social, es decir, LA SALUD.

La salud no significa ausencia de enfermedad, sino mantener el cuerpo y la mente en una situación optimizada que prevenga la dependencia o que la minimice en el mayor grado posible. En este sentido, estar activo significa realizar actividades que contribuyan tanto al bienestar físico como mental.

En cuanto a la actividad mental o cognitiva, existen una gran cantidad programas de estimulación e intervención para propiciar el envejecimiento activo de las personas mayores, las cuales permiten mantener el rendimiento intelectual o modificarlo, en cierta medida, aumentando la resistencia a los cambios y /o ralentizando el deterioro que sobreviene con el transcurrir de los años, lo cual previene o posterga la autonomía personal. Ese es el propósito de elaborar y promover programas de envejecimiento activo.

Ahora bien, hay un aspecto de fundamental importancia que nunca debe descuidarse, aun cuando el profesional que asiste a la persona tenga en mente un programa específico y adecuado de estimulación conforme a un criterio de evaluación previa. Este aspecto se refiere a la MOTIVACIÓN, ya que es lo que produce el deseo de realizar las actividades, no como algo impuesto, sino como un entretenimiento gratificante y placentero.

Existen muchas actividades con sentido y significación para la persona mayor, dependiendo de su experiencia, sus habilidades, sus destrezas y aficiones, que constituyen una importante aportación al mantenimiento y estimulación de las funciones cognitivas.

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