En nuestra cultura estamos acostumbrados a considerar la naturaleza humana como una dualidad. Nos resulta difícil concebir que en los seres humanos, lo material -el cuerpo- y lo inmaterial -el alma, espíritu, psiquis, como queramos llamarle- están imbricados en una sola realidad. Esta división es producto de las explicaciones que la filosofía occidental ha realizado frente a los interrogantes que el ser humano se ha planteado sobre su existencia y el sentido de la vida. Lo cierto es que nuestra íntima experiencia contradice esa visión; sabemos que todos nuestros actos y pensamientos están ineludiblemente acompañados de emociones, sensaciones y sentimientos; es imposible separar una cosa de la otra, aún en las experiencias menos significativas. Espíritu y cuerpo, emociones y pensamientos, son las dos caras de una misma moneda, o dicho en otras palabras, el anverso y el reverso de un folio. Esto es importante tenerlo en cuenta en relación al concepto de Psicomotricidad, porque aunque la palabra encierra en sí misma su doble naturaleza: psico y motricidad, es decir, lo psicológico y el movimiento como una sola realidad, tendemos a considerar la Psicomotricidad como una práctica orientada casi exclusivamente al cuerpo y la actividad motora. Es importante entonces, realizar algunas precisiones que aclaren la naturaleza de la psicomotricidad en el terreno conceptual y en lo que se refiere a la experiencia terapéutica. Cuando hablamos de Psicomotricidad relacional, lo hacemos considerando el aspecto anatómico-funcional íntimamente relacionado con las acciones que produce la persona (las relaciones con otras personas, sus acciones: miradas, sonrisas, lenguaje, en fin, todo lo que constituye la conducta humana y que tiene EL CUERPO como lugar donde se articulan. Es importante aclarar esto, porque cuando se habla de una práctica psicomotriz para los Adultos Mayores, por lo general se piensa sólo en ejercitaciones de orden corporal que tienen como objetivo la eficacia del movimiento, o la modificación de posturas, la mejora de la coordinación general, la coordinación óculo-manual, etc., como única consideración. Sin embargo, desde el enfoque de la Psicomotricidad relacional, la práctica que se realiza toma en cuenta a la persona desde una perspectiva global, lo cual significa tomar en cuenta el estrecho vínculo que existe entre las diversas estructuras que conforman al ser humano, esto es, lo somático (el cuerpo), lo afectivo, y lo cognitivo.

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