El cerebro no debe jubilarse nunca. Así lo diferentes estudios de organismos internacionales como la UE y la OMS, demuestran que en los países desarrollados o en vía de desarrollo, la expectativa de vida ha aumentado, especialmente en el caso de las mujeres. Japón es el país puntero en este sentido, con 87 años, seguido de España, Suiza y Singapur, con 85 años, e Italia, con 85 años.

Este fenómeno es bastante alentador, ya que las personas mayores pueden realizar valiosas contribuciones a la sociedad cuando se mantienen intelectualmente activas. De allí la importancia de que una mayor longevidad vaya acompañada de una buena calidad de vida, de lo contrario, ésta puede convertirse en una experiencia poco deseable.

La calidad de vida no se refiere solamente a la ausencia de enfermedad. Es un concepto mucho más amplio que incluye “la percepción del individuo de su posición en la vida en el contexto de la cultura y sistemas de valores en los que vive y en relación con sus objetivos, expectativas, estándares y preocupaciones” (OMS, 1994).

En el adulto mayor van efectuándose, de manera paulatina, cambios en el funcionamiento cognoscitivo propios del paso del tiempo que atentan contra el bienestar, ya que deterioran la capacidad de relacionarse eficazmente con el entorno social y dificultan, en muchos casos, el normal desenvolvimiento de la persona en su día a día. En este sentido, el funcionamiento de la memoria es uno de los temas que más preocupan al adulto mayor y en muchos casos a su entorno familiar, ya que su deterioro entorpece el desarrollo de una vida independiente y satisfactoria.
La memoria cumple la función de fijar, retener y reproducir todos los eventos que permanecen en nuestra conciencia y permite reproducirlos en el momento que necesitamos hacer uso de ellos. Pero es importante tener en cuenta que la memoria es un proceso mental que está estrechamente vinculado a otras funciones neuropsicológicas como son la atención y la percepción, aunque habitualmente no se les confiera la debida importancia.

En el próximo artículo trataré con detenimiento los aspectos relacionados con los procesos cognoscitivos que merecen especial atención en los adultos mayores.

En todo caso, por ahora quisiera resaltar dos cosas:
a) La importancia de estar atentos a la aparición de síntomas que revelen una dificultad en la concentración asociada a trastornos de la memoria reciente, y evitar caer en el error de considerarlos como parte del normal “deterioro intelectual del adulto mayor”. Esta banalización del problema impediría efectuar una valoración adecuada en el momento oportuno.
b) Lo beneficioso que resulta iniciar prácticas tempranas de rehabilitación de modo preventivo, para evitar un deterioro cognitivo que desmejore la calidad de vida del adulto mayor.

¡El cerebro no debe jubilarse nunca!

2 Responses so far.

  1. Víctor dice:

    Acabo de leer tu artículo sobre el deterioro cerebral. Yo viví ese deterioro en mi madre, que terminó por invalidarla socialmente y aceleró su deterioro físico. Tú dices que detectar esos problemas de memoria a tiempo y realizar prácticas de rehabilitación de modo preventivo es importante para evitar un deterioro cognitivo.
    En el caso de mi madre, fue imposible ayudarle pues desde el primer momento se negó a colaborar. La verdad es que siempre fue un poco asocial y yo siempre pensé que ese deterioro mental estuvo larvado toda su vida adulta, desenmascarándose cuando se hizo mayor.
    Estela, el artículo me parece estupendo, fácil de comprender y corto, pero no concentrado.
    Sigo a la espera de los siguientes artículos.

  2. JUAN MELEAN dice:

    Buen trabajo de reflexion, estoy completamente deacuerdo contigo donde no hay q bajar, la atencion, les actividades de observacion, de memorizacion e incitar la creacion, para mantener activa la memoria y el cerebro bien juan

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