CALIDAD DE VIDA EN A.M.

Acompañar de manera activa al adulto mayor, implica construir poco a poco una atmósfera de confianza y cercanía, una relación de complicidad afectiva que promueva y facilite la comunicación.

El ritmo de vida que llevamos en la sociedad actual, sobre todo en las grandes ciudades, está marcado por el aceleramiento y lacomunicacion inmediatez. El modelo de familia ha cambiado, y es cada vez más frecuente que trabajen ambos miembros del matrimonio. Esto hace que el tiempo que se le puede dedicar a nuestros padres no es el que quisiéramos, ni el que ellos necesitan y anhelan.

En este sentido, la situación de los adultos mayores presenta carencias en el plano relacional y afectivo, ya que en muchos casos, el cuidado y la atención suele estar cubierto por un servicio asistencial llevado a cabo por un personal que atiende sus necesidades básicas, en los casos en que las personas mayores vivan en sus hogares.

Otra alternativa es la incorporación a residencias para ancianos, donde un personal especializado los atiende y la persona mayor vive en un espacio comunitario compartiendo su día a día con personas que pueden, o no, estar en similares condiciones.

En ambos casos, si bien es cierto sentimos la tranquilidad que nos proporciona saber que nuestros padres o familiares están acompañados y atendidos, no es menos cierto que existe por su parte una demanda, en muchos casos silenciosa, que tiene su expresión en otro plano vital, en una necesidad que trasciende las carencias o dificultades que padece por su propia condición de persona mayor o dependiente: se trata de un íntimo sentimiento de soledad que no se atenúa con la presencia física de otras personas de su misma condición, en el caso de las residencias, o de un acompañante que le ayuda en sus quehaceres cotidianos.
Es una demanda profundamente humana: poder comunicarse, poder hablar y ser escuchado por alguien que está preparado y dispuesto a recibirlo y compartir con él/ella lo que necesita contar: sus sentimientos, pensamientos, temores, recuerdos, anhelos, logros…

Los adultos mayores sienten placer en narrar su pasado, porque prefieren mirar hacia atrás y ponerle palabras a sus experiencias, antes que pensar en el futuro, quizá porque el tiempo vivido es más extenso que el tiempo por vivir; quizá porque hablando de su pasado logran reencontrarse con su historia personal y revivir el encuentro con algo mayor: su familia de origen, la familia que construyeron, sus amigos, sus compañeros, en fin, todos los seres que han habitado y habitan su universo personal.
Los seres humanos somos narradores, y cuando somos mayores, la presencia de alguien que esté dispuesto a escuchar con empatía, puede convertirse en el mejor antídoto para el sentimiento de soledad y aislamiento que viven con resignación y que va deteriorando su calidad de vida.

Deja tu comentario