Adulto y adulto mayor, dos circunstancias que plantean diferencias respecto a las necesidades vitales. En un adulto mayor las necesidades relacionadas con las tareas del día a día requieren de ayuda, específicamente de un cuidador, cuando la persona tiene un impedimento o limitación física o mental y vive sola en su hogar. Esa suele ser una diferencia básica entre un adulto y un adulto mayor; es decir, la posibilidad de valerse por sí mismo.

Las necesidades socio-afectivas, en un adulto y un adulto mayor son complejas, por lo que resulta difícil discriminar entre las que requiere un adulto que lleva una vida normal, sin limitaciones y un adulto mayor; es decir, una persona de edad avanzada y aveces con limitaciones importantes. En ambos trayectos de vida, el ser humano necesita “decir”, relatar experiencias, desde las cotidianas hasta las más significativas, desde las presentes hasta las más remotas. El adulto mayor siente necesidad de ser escuchado por alguien en quien pueda confiar -intelectual y afectivamente- porque esa es la única manera de mantenerse anclado en una realidad que muchas veces se le escapa. La pérdida de memoria inmediata, las dificultades de atención o de percepción, lleva al adulto mayor a rememorar constantemente situaciones que quedaron grabadas de forma indeleble en su historia personal. Sentirse “escuchado” y “recibido” por otra persona, sea familiar o no, supone para el adulto mayor una experiencia muy gratificante, lo cual no suele ser bien comprendido por sus personas cercanas.

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