Comprender la soledad de los mayores, no es tarea fácil. En días pasados vi en Facebook,  una publicación de “QMAYORES” que se titulaba “La Señora X se llama Soledad”, una imagen muy conmovedora de una persona mayor, sola, con sus manos entrelazadas y apoyadas sobre una mesa, mirando resignada a través de una ventana. Su expresión era tan elocuente que llamaba a la reflexión, y me dio gusto comentarla en mi página profesional. La foto a que hago referencia expresa un sentimiento tan hondo de soledad, que no puede dejar indiferente a nadie, y conducía a pensar detenidamente la tristeza que sienten las personas mayores frente a su situación de aislamiento emocional y social.

Todavía hay mucho por hacer en un terreno que es complicado, cual es, la toma de consciencia que genere una mirada diferente, que permita comprender la soledad como un aspecto subjetivo y también doloroso que afecta con mucha frecuencia a los adultos mayores.

Tanto en el ámbito privado como en el institucional, existe  un progresivo interés por la calidad en el servicio asistencial dirigido hacia los ancianos que viven solos en sus casas con un cuidador o en residencias, donde reciben asistencia médica, alimentación adecuada, higiene, medicación, etc. Sin embargo, existe un padecimiento callado ante una situación de aislamiento y soledad, que en la mayoría de los casos, está vinculado a la pérdida de la vida a la cual  estaban acostumbrados, y a una paulatina desintegración de su propia identidad.

Cuesta  tomar conciencia -aunque racionalmente se tenga claro- de que la vida del anciano es la continuación gradual y natural de la vida que transcurre, sin interrupción, y por tanto, que la vejez es heredera de la infancia, de la juventud y de la adultez. Es parte de un proceso vital que marca el fin de la existencia, pero de ninguna manera significa el final de las ilusiones, ni de las necesidades emocionales, sociales e intelectuales, ni de las vivencias, ni del deseo de compartir, de dar y recibir. Todo lo contrario, es en esta etapa de la vida, cuando los adultos mayores necesitan sentir que siguen siendo ellos mismos, y que a pesar de las limitaciones propias de la edad, conservan un mundo interno que necesita canales de expresión para seguir desarrollándose y  sintiéndose útiles y apreciados en el entorno familiar y social.

Es en este sentido que el Acompañamiento Profesional cumple con el propósito de abrir un espacio o canal de comunicación particular, íntimo, con el adulto mayor, que se profundiza poco a  poco y llega a convertirse en un vínculo alentador que lo fortalece emocional y espiritualmente y que lo ayuda a paliar ese sentimiento de soledad existencial que se agrega a otros factores que van deteriorando día a día su salud física y mental.

Deja tu comentario